Esther García y Agustín Almodóvar: “Lo mejor es hacer que los creadores cumplan sus sueños

abril 2, 2020 34 Edición ·

Foto: ©Enrique Cidoncha

Los productores de Dolor y gloria recogieron el Goya a la Mejor Película en los Premios Goya 2020

| Por Chusa L. Monjas

Se pegan a las historias en las que se implican, por su pasión por el cine y porque creen a pies juntillas que lo mejor de su oficio es, “desde la honestidad y la valentía, acompañar a los creadores a convertir sus sueños en realidad”. Cómplices en la sombra de todos los títulos que han salido de El Deseo, Esther García y Agustín Almodóvar fueron la mejor compañía de Pedro Almodóvar la noche en que Dolor y gloria salió con siete Premios Goya. Los dos productores confiesan que cuando escucharon a Marisa Paredes pronunciar “con tanto entusiasmo” que era la mejor película de la 34 edición de estos galardones, sintieron “mucho alivio. Nunca dimos por hecho ninguno de los premios, disfrutamos mucho de la ceremonia y cada vez que la sorpresa era favorable, fue un subidón de alegría”.

García y Almodóvar funcionan como un reloj suizo al respaldar “películas creativas en libertad”, dentro de la productora que Pedro Almodóvar fundó en 1985 con su hermano pequeño. De nuevo, el próximo proyecto del mayor de los Almodóvar les colocará “en ese momento tan excitante que es volver a aprender, a descubrir”, manifiestan la extrovertida segoviana y su compañero manchego, que también trabajan en el desarrollo del guion que está escribiendo Carlos Vermut, y en una serie documental sobre los matrimonios forzados, Not a Bride –Penélope Cruz ha puesto la voz al piloto y los beneficios se destinarán a las asociaciones que ayudan a las víctimas que sufren este problema–. Coinciden en que para producir en nuestro país “se necesita mucho valor”, y los dos se responsabilizan “porque cuando alguien se pregunta por qué se ha hecho una película mala, la culpa siempre es del productor”.

Desde el principio, Dolor y gloria tuvo a la crítica y al público a su favor. Luego llegó una cascada de nominaciones a premios, tanto dentro como fuera de España, ¿se esperaban este reconocimiento de la Academia?
Agustín Almodóvar: La campaña de esta película ha sido muy intensa y, quieras o no, hay un desgaste emocional muy significativo por estar siempre a la espera del resultado que vas a tener. Empezamos compitiendo en Cannes, donde fue muy importante el premio que consiguió Antonio Banderas, y ahí ya nos topamos con el que ha sido el tsunami del año, Parásitos. Fuimos pasando todas las barreras, con mayor o menor suerte. Nos han tratado de maravilla en todos los festivales y el resultado final ha sido notable.

Jugar en casa tiene un extra, y es qué puede pasar. Controlamos muy bien el mundo internacional, pero aquí a veces te llevas sorpresas desagradables. Hable con ella conquistó numerosos premios fuera y en España no tuvo ninguno. Ahora, el éxito exterior se ha correspondido con el cariño y el afecto de nuestra tierra. La noche del 25 de enero fue la máxima demostración de cariño, no se puede pedir más.

No es la primera vez que una de sus producciones firmada por Pedro Almodóvar logra el Goya a la Mejor Película, premio que consiguieron con Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre y Volver. ¿No se sienten profetas en su tierra?
Esther García: Siempre está el deseo de seguir queriendo conquistar no solo al público, también a los compañeros. No hay nada que reprochar en lo personal, pero no puedes evitar que te duela cuando tienes una película que ha sido reconocida en muchísimos lugares y aquí no. En este momento nos sentimos resarcidos, queridos, cuidados y reconocidos, pero ha habido otros momentos en los que no.

AA: Ha sido muy reparador recibir de una forma tan clara el haber premiado a Pedro en el guion, dirección y película.

Dentro de la filmografía de Pedro Almodóvar, ¿qué diagnóstico hacen de su última historia, la número 21?
EG: Es difícil definir una película de manera aislada. Es la última y para mí siempre es la mejor antes de la próxima. Es muy sincera, muy madura. Se ha hablado mucho del componente autobiográfico de Pedro en esta historia, pero en todas sus películas está presente, porque él, incluso cuando se ha inspirado en obras de otros autores como en Julieta, lo fagocita y lo que nos entrega siempre tiene que ver con su vida, con anécdotas y vivencias que ha ido recopilando de personas muy cercanas a él.

En Dolor y gloria, además, encontró una manera de disfrutar rodando mucho mayor que en otras ocasiones, y eso le produjo una enorme felicidad que se ve. A pesar de estar hablando del dolor, hay una alegría de fondo permanente en cada plano, en los objetos, la luz, la posición de la cámara… Hay celebración. Y cuando eso es tan verdadero, hay un retorno inmediato por parte del espectador.

AA: Toda la carrera de Pedro es muy orgánica, y a eso ha contribuido la productora, porque hemos cuidado para que su trayectoria no se viera distraída o interrumpida por cosas que pueden ocurrir en la carrera de un director. Esa idea orgánica tiene que ver también con la madurez de Pedro, que con Dolor y gloria cierra un ciclo sobre su memoria con el colegio, con la infancia… Y empieza otro, porque va a rodar un corto y un largometraje en inglés.

Lleva 40 años contando historias y ahora emprende una nueva aventura, con los riesgos que implica desde el punto de vista artístico y de producción. Nos va a hacer salir del área de confort que tenemos cuando producimos en España, con nuestro entorno –ICAA y TVE–. Como hermano, entiendo lo estimulante que puede ser esta nueva etapa y me alegro mucho por él.

Se cierra un periodo con el largometraje que más ha conectado con el espectador.
AA: La madurez como artista hace que tu lenguaje sea más simple, más asequible, y a la vez sea más intenso todo lo que cuentas. Dolor y gloria es una historia íntima que ha llegado a 64 países, va a batir récord de territorios estrenados, incluidos India y China. Y vamos distribuidor por distribuidor, no es como Netflix, que das a un botón y sale en todo el mundo.

Pedro Almodóvar rodará, por fin, en inglés. En abril filmará con Tilda Swinton La voz humana, un corto basado en el monólogo de Jean Cocteau. Y en 2021 trasladará a imágenes cinco relatos de Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin.
AA: Como hizo con Julieta –basada en tres cuentos de la escritora canadiense Alice Munro–, de un libro de relatos hará una historia completa, que es lo más difícil de la adaptación. Para este drama de superación en el que cabe el humor, ha encontrado una heroína muy ‘almodovariana’, una mujer brillante, inteligente, con defectos y que sobrevive a todo.

EG: La historia se desarrolla fuera de España y los personajes son mexicanos o estadounidenses, pero intentaremos que gran parte de la filmación sea aquí. Veremos qué resulta más práctico y cómodo para Pedro. Donde se ruede hay que intervenir, porque los relatos transcurren en los años sesenta, setenta y ochenta.

El cine de Pedro Almodóvar ha sido visionario, ha abordado temas que eran tabú en ese momento. En los tiempos que vivimos, ¿creen que lo políticamente correcto mata la creatividad? ¿Se paga ser políticamente incorrecto?
EG: Hoy todo es pura corrección y más en el mundo del cine, de la cultura, que es un reflejo de la sociedad, y esta no puede ser más conservadora en todos los ámbitos. Hay mucho miedo a ser señalado.

AA: Y lo peor de esto es que implica la autocensura, que es insalvable. El arte tiene que ser provocador, rompedor.

Foto: ©Ana Belén Fernández

Sensatez y pragmatismo

Han puesto en pie obras de Álex de la Iglesia, Isabel Coixet, Lucrecia Martel, Belén Macías, Dunia Ayaso y Félix Sabroso, Diego Galán… Además de documentales y unas cuantas coproducciones con Argentina –El clan, Relatos salvajes, El ángel, Zama...–.
AA: Pedro nos ha educado el gusto por el talento y la originalidad, nos ha inoculado el virus por buscar eso en otros artistas con diferentes estilos. En los periodos en los que Pedro está escribiendo, aprovechamos la energía y la forma de hacer las cosas de El Deseo para respaldar a creadores, fundamentalmente porque nos gusta mucho el cine y ser cómplices de esa aventura que es poner en pie algo que nace de un sueño, de la imaginación y el talento. Y los creadores también necesitan tener al lado una maquinaria que compense esa falta de sentido común que, a veces, tienen los artistas. Nosotros ponemos esa sensatez y ese pragmatismo para que las cosas no descarrilen.

Esther, en ocasiones, sube los presupuestos para garantizar que el proyecto sea viable. Cuando produjimos Acción mutante, nadie había hecho efectos especiales y contratamos al equipo de moda de arte en Europa, el de Delicatessen. Álex, igual que Pedro y la gente que viene del underground, se apaña con cuatro cosas, se sujeta mucho.

EG: A los cineastas con los que trabajamos les damos alas, absoluta libertad. Como productores tratamos de convertir en realidad lo que han soñado, a veces se puede hacer exactamente, otras necesitan un impulso mayor porque se quedan cortos, y en ocasiones es una locura que tenemos que retener. Vamos poniendo sentido común siempre de la mano del creador, al que rodeamos de profesionales que aportan lo mejor de sí mismos y van siempre a favor de obra. Una disposición que es esencial en El Deseo. Hasta ahora, todos los cineastas con los que hemos trabajado han contribuido con sus obras a mantener nuestros deseos por descubrir nuevos talentos.

Decidir qué eligen es…
EG: …una cuestión de gusto. Solo nos implicamos en las historias que nos parece que tienen que ver con nosotros, que cuentan cosas que entendemos y de las que nos sentimos capaces de ser cómplices. Podemos tener una gran sintonía con un director o directora, pero si el guion (y leemos una media de 200 al año) no nos gusta, no lo hacemos.

AA: Es una mezcla de visceralidad y también de racionalidad. La obligación de los artistas es que su obra nazca, lo más duro es dar una negativa, pero también es importantísimo saber decir no. Los productores somos los responsables de que las películas se realicen y tenemos que asumir que nos podemos equivocar al impedir que una obra vea la luz.

Preguntaron a Pedro Almodóvar qué le faltaba al cine español, y respondió que “productores con ideas, que se arriesguen con películas minoritarias para facilitar el debut de los que vienen”. ¿Asumen esta declaración?
EG: Al cien por cien. Se necesita el apoyo del Gobierno para esas películas. Los productores no pueden aguantar una taquilla que no acabe cubriendo los gastos que tiene una película. Nosotros tratamos de ayudar a nuevos realizadores a hacer obras de riesgo, que no tienen garantizada esta posición, y a la vez lo compensamos con otras producciones que permitan que la productora no se vaya a pique.

La dotación del Fondo de Protección a la Cinematografía es la más baja de toda Europa y, en cambio, nuestros actores y directores tienen una trayectoria internacional y nuestro cine se ve en todo el mundo. Debería tener una correlación en el apoyo institucional.

AA: Las productoras más solventes, que son las que tienen que ver con las cadenas privadas, deberían de asumir ese riesgo, pero lo rehúyen, van a la comercialidad, a lo convencional, al cine televisivo.

¿Cómo describirían la foto actual del mundo de la producción en España?
AA: Es una imagen de gente moviéndose del cine a las series. Con la llegada de las plataformas, hay una enorme demanda de contenido audiovisual y muchos técnicos están trabajando casi de forma fija para estos operadores, lo que dificulta poder montar equipos para las películas.

Vamos hacia un mundo en el que a las pantallas va a llegar el cine de autor, el cine con mucha personalidad, y las grandes producciones de superhéroes. El cine íntimo, personal e independiente va a seguir en las salas gracias a los cinéfilos y al mercado internacional. Tengo esperanza en que las autoridades sean conscientes de lo importante que es apoyar este cine, que abre caminos y nos representa en la escena internacional. Deberíamos poner en práctica la lección que nos ha dado Parásitos, un filme personal y rompedor que ha llegado tan lejos porque tiene detrás a todo un país y el apoyo de numerosos recursos privados y públicos.

Cada vez es más complicado respaldar el cine de autor, ¿hay receta para resolver este problema?
AA: Igual que hay leyes de promoción y desarrollo de la agricultura o de la industria del automóvil, hay que defender el cine, que es el escaparate que habla de un país. Francia, Inglaterra, Alemania e Italia saben que el cine de vanguardia es esencial para la supervivencia de la cinematografía, tienen unos sistemas que no hay más que copiarlos. Falta voluntad política para articular los mimbres y recursos que tenemos para fomentar ese cine de más riesgo que devuelve mucho más de lo que recibe.

La ley del deseo y Acción mutante

¿Cómo descubrieron su vocación?
AA: Si Pedro hubiera nacido en Francia, El Deseo no existiría, porque un productor habría descubierto su talento y le habría mimado y cuidado desde el primer momento. En España no se dio esa situación y, en un momento de incomprensión por parte de la industria, me convertí en su persona de confianza para encargarme de la parte más aburrida y desgastadora –lidiar con los inversores, gestionar, llevar a buen puerto relaciones que, en ocasiones, son muy complejas–.

EG: Pim, pam pum ¡fuego! fue el primer rodaje al que fui para echar una mano a un amigo, y en ese momento supe que quería formar parte de ese grupo de locos que a la voz de alguien organizaba una coreografía perfecta. Estuve en Curro Jiménez, serie en la que aprendí muchísimo, y tras un encuentro fugaz con Pedro en Folle, folle, fólleme Tim, fui ayudante de producción de Matador [en esta cinta Agustín estaba en el departamento de dirección y recuerda que Esther “sacaba la cara por nosotros cuando producción nos escamoteaba de todo, se la jugó por Pedro y por mí. Su sentido de la ética y de la justicia es ejemplar”].

¿De que producción se sienten más orgullosos?
AA: De La ley del deseo. Sabíamos que nadie nos iba a respaldar en este proyecto y fue el impulso para crear El Deseo; y de Acción mutante.

¿Qué legado de producción les gustaría dejar?
EG: Lo mejor que se puede decir de un productor es que ha sido honesto y respetuoso.

¿Tienen referentes?
EG: Elías Querejeta, que fue un productor extraordinario, y como directora, Pilar Miró.

AA: Me gustan mucho los directores-productores José Luis Borau, Claude Berri y Roger Corman.

A corto plazo, ¿cuál es la línea de El Deseo?
EG: Seguir al lado de Pedro, continuar con las puertas abiertas al talento, ampliar la ficción seriada y recuperar las coproducciones con Argentina. En Latinoamérica hay mucho talento, se hace un cine que tiene mucho que contarle al mundo, pero España ha dado un paso atrás porque la ley impide esta fórmula que ha dado proyectos de muchísima altura artística. La legislación tiene que cambiar, porque las coproducciones con América Latina enriquecen nuestra cinematografía.

Foto: ©Miguel Córdoba

“Rabiosamente” independientes

¿Cuál es la función del cine?
EG: Tiene una misión social porque nos muestra cómo es la vida. Pedro dice que si alguien quiere saber cómo son los españoles, solo tiene que ver las películas que se han hecho en distintas épocas.

AA: Es un espejo donde mirarse y ver tus defectos. Tiene un valor educacional porque plantea muchas preguntas que todos nos hacemos, y terapéutico porque cuando el artista muestra sus debilidades, inseguridades y sus conflictos, también le sirve al espectador.

¿Existe la película redonda?
AA: Hay películas eficaces, que funcionan, pero la película redonda no me gusta como concepto. Pedro remontaría películas que ha hecho, lo que demuestra que las películas son entes vivos.

EG: Hay películas que recuerdo como perfectas, pero el paso del tiempo hace que, a veces, cambies de idea.

Han alcanzado un acuerdo con Viacom. Fruto de esta unión nace la película que está dirigiendo Isabel Coixet –Nieve en Benidorm– y una serie escrita por Nerea Castro y Blanca Gómez que sería su segunda ficción para televisión después de Mujeres.
EG: Es una fórmula que sigue el mismo criterio que aplicamos en el cine: libertad total de desarrollo, proyectos de cierto riesgo y participación en todas las decisiones.

Hacen cine al margen de las televisiones privadas, ¿se rendirán algún día a las grandes cadenas?
AA: Las líneas editoriales de las grandes cadenas no coinciden con la nuestra, la gente tan rabiosamente independiente no les interesa. Sí reconocemos que nos hubiese gustado disponer de esa capacidad infinita que tienen a la hora de promocionar sus películas.

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