‘Bregaoras’, crítica ganadora del concurso Ven a los #Goya2020

enero 22, 2020 34 Edición ·

Nerea Guitart ha resultado ganadora del concurso ‘Ven a los #Goya2020 con la Academia de Cine’, gracias a su crítica de La trinchera infinita, titulada ‘Bregaoras’. Podrá así asistir a la gala de la 34 edición de los galardones, que se celebra este año en Málaga. Esta es la crítica:

Bregaoras

Tras los visillos de croché enmarcados en la cal agrietada de los pueblos blancos y verdes
de las tierras lorquianas, se han ido fraguando historias desde la resistencia más humilde
durante toda la vida. Habladurías que no podían discutirse en los lavaeros ni en las plazas
de abastos, pero que los sobresaltos calizos de las callejuelas sabían de sobra por el
apresure de sus peregrinos.

No fue la guerra de los hermanos lo peor de todo, sino lo que vino después. Persecuciones,
encarcelamientos, palizas, torturas, fusilamientos. Un campo de batalla minado de
miseria, silencio y venganza, donde las alpargatas y los bambitos abatidos por la muerte
y la pérdida aún tenían que seguir peleando por sobrevivir.

Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga, los directores de La trinchera infinita,
han conseguido hacer de estas premisas una alegoría preciosa de la soledad, el miedo, el
aguante y el desgaste del tiempo. Esta caverna metafórica está protagonizada por Higinio,
un republicano que se ve obligado a esconderse tras los muros de su propia casa por temor
a las represalias, interpretado por un colosal Antonio de la Torre, quien encarna y ostenta
la honestidad del acento pobre, la dignidad de la boca humilde y la rabia de la labia
castigada y expoliada.

Pero los cimientos de esta fosa viviente recaen en Rosa, una ama de casa y costurera que
tiene que mantener en secreto a su marido y sobrevivir sola en la Andalucía de la
posguerra. Belén Cuesta, quien demuestra una vez más que posee y cuida el don
incomparable de la verdad, da vida y sentido a esta bregaora, lucero y caudilla de su casa.
Se conforma de esta manera un relato histórico sin medias tintas y sin complejos ni mofas
que desvela uno de los episodios más recónditos y sombríos de la guerra civil española.
Una cinta asfixiante, oscura, rápida y severa que se contrapone a su vez de una manera
bellísima con la ternura, el desparpajo, la naturalidad y el coraje de la idiosincrasia del
sur.

La trinchera infinita es un testamento monumental y dulcísimo que huele a la sabiduría
de los ramilletes de romero y el azahar en flor. Un homenaje genuino a nuestras Rosas,
esos farolillos guía y mantones de manila solemnes que, en su afán por subsistir y
perdurar, han cargado con el peso de nuestras vidas a sus espaldas y que la sociedad ha
silenciado, ignorado y menospreciado. Un manifiesto rotundo e íntimo que descubre a lo doméstico como político. Porque los delantales son uniformes de trabajo. Porque las casas
son Estados. Porque las arrugas que mojan los manojos de perejil en verano son la única
matria.

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