Recuperar lo propio | La odisea de los giles

Uno de los productores de La odisea de los giles, Matías Mosteirín, reflexiona sobre esta corpoducción hispano-argentina que se alzó con el Goya  a Mejor Película Iberoamericana

 

| Por Matías Mosteirín

Toda película, pero en los tiempos que corren aún más, es fruto del enorme trabajo de un gran equipo. La odisea de los giles ha representado para nosotros el desafío de lograr que un momento tan doloroso de la historia de nuestro país pueda convertirse, a partir de esta historia, en una verdadera aventura que trascienda generaciones y llegue a un público internacional. Poder revisar así un momento de nuestra memoria colectiva con humor e imaginación, guiados por la aventura que emprenden estos personajes estafados en su buena fe, quebrados en la concreción de sus sueños, una vez más, que de pronto deciden no resignarse y unirse para rebelarse y recuperar lo propio. Pero visitar el pasado solo tenía sentido si nos permitía una reflexión sobre el presente.

En este sentido, durante la adaptación de la novela de Eduardo Sacheri al guión, y durante la filmación de la película, procuramos encontrar en cada uno de los personajes aquello que creemos que hoy nos identifica a los espectadores de aquí y de allá: la necesidad de un mundo con menos divisiones, donde podamos, entre personas de pensamiento diferente, actuar juntos en la defensa de nuestros anhelos y de nuestro porvenir.

Es siempre difícil determinar los motivos del éxito de una película. La odisea de los giles, y el cine argentino en general, se caracteriza quizás por hacer que pequeñas historias locales se vuelvan, a partir de personajes tan entrañables como inolvidables, universales desde su particularidad y sin perder su esencia.

Eso, sumado al enorme afecto y a la historia que une a nuestros actores con el público español, en especial a Ricardo Darín, hacen un vínculo entre los dos países muy valioso y profundo.

Este proyecto fue una coproducción con España con una enorme implicación de nuestros socios coproductores españoles Fernando Bovaira y Simon de Santiago, grandes socios, colegas y amigos.

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